El verano y el calor no dieron tregua en este febrero y por momentos se me hizo difícil sentarme a leer. Me dí cuenta por qué: más allá del calor insoportable que no dan ganas de hacer nada, no estaba enganchada con las lecturas que estaba teniendo. Con una llegué hasta el final, porque por momentos repuntaba y me daban ganas de seguir. La otra la abandoné, sin culpas, sin problemas, sin conflicto alguno. No podía avanzar y me estaba generando un bloqueo que no estaba dispuesta a darle protagonismo. Superado ese trance, el mes fluyó con dos premisas involuntarias: en amarillo y en una temática común.
