Ponete un calzado cómodo que hoy te llevo a recorrer casas. No, no me convertí en agente de bienes raíces, para nada. Sucede que me topé con una casa que tuvo la amabilidad de abrirme las puertas de varias más, y yo, siempre dispuesta, entré en cada una de ellas. Ah, este recorrido no lo armé yo, lo preparó Abelardo Castillo. Vamos que cuento más por el camino.
LA CASA DE CENIZA
Me traje esta novela sólo porque la escribió Abelardo Castillo, un autor que admiro mucho, sin tener idea de qué iba ni con qué me iba a encontrar. Abrí la puerta de La casa de ceniza y me sumergí en un universo onírico, desconocido para mí.
La historia la cuenta el protagonista a un escritor, un tal Castillo (?). En el relato, el protagonista narra su relación con un pintor un tanto extravagante, con quien se dejó de ver por varios años hasta que recibe una invitación de este pintor para que lo visite en su casa. El libro comienza cuando el narrador llega a ver a su amigo, a quien llama Matías Wenzel (nombre ficticio, el narrador no quiere revelar el verdadero nombre a modo de venganza, para que nadie sepa quién es y la historia caiga en el olvido).
La casa donde habita Wenzel con Petra, su criado, es majestuosa pero sin lujos, llena de escaleras y pasadizos, envuelta por una atmósfera lúgubre y por momentos asfixiante.
¿Todo esto te suena familiar? Claro que sí. Abelardo Castillo escribió esta novela a sus 21 años, en una época en que estaba fascinado con un famosísimo y reconocidísimo escritor estadounidense, maestro del terror gótico, quien me abrió la puerta de la segunda casa:
LA CAÍDA DE LA CASA USHER
El narrador se dirige a visitar a Roderick Usher a su casa ya que este le envió una carta invitándolo a pasar por la mansión. Ellos habían sido amigos de chicos, pero se distanciaron por cosas de la vida. A medida que nos vamos adentrando en la historia, vamos conociendo un poco más a Usher, un artista excéntrico que padece de una enfermedad indefinida. Vive con su hermana melliza, también delicada de salud, y un criado. La cosa se pone más oscura cuando muere la hermana (¿muere la hermana?) Muy lúgubre todo.
La casa también tiene su protagonismo. Las descripciones que hace Edgar Alan Poe sobre ella -fascinantes, por cierto- nos transmite una atmósfera opresiva y angustiosa, con situaciones paranormales: la propia mansión refleja el estado de salud de sus dueños, por lo que nada bueno saldrá de ahí. ¡Qué manejo del lenguaje, por favor!
El paralelismo que hay entre La caída de la casa Usher y La casa de ceniza es tremendo. Sin dudas, Castillo estaba sumergidísimo en el mundo Poe cuando la escribió.
Nunca había leído a Poe. Por qué tardé tanto en leerlo, me pregunto. Siento que mi vida es un eterno llegar tarde a todos lados, pero eso lo hablamos otro día. Ahora tenemos que seguir con el recorrido:
VIAJE A LA SEMILLA
Otra de las mansiones que Castillo usó de disparador para su novela fue la que describe Alejo Carpentier en su Viaje a la semilla. En esta nouvelle nos vamos a la Cuba colonial del siglo XIX, con un hombre sentado que mira cómo desmantelan la casona que fuera de Don Marcial, Marqués de Capellanías, fallecido recientemente. Algo sucede esa noche, algo mágico, que hace que los acontecimientos se presenten de manera inesperada y nos lleven a conocer la historia de Don Marcial desde su muerte hasta su concepción. A la casa también la veremos resurgir y la conoceremos en sus años de esplendor.
Otro autor con un manejo del lenguaje increíble. Barroco, complejo, pero maravilloso. Y si hablamos de lenguaje barroco, irremediablemente tenemos que dirigirnos a nuestra siguiente parada:
LA CASA
La casa se está muriendo. Está vieja y sabe que ya le queda poca vida. Pero antes de que terminen de derrumbarla, nos quiere contar su historia. Es ella misma la que nos va a narrar todo lo vivido dentro de sus paredes, el devenir de la familia que la habitó, sus años dorados y su declive, a medida que se iban muriendo sus herederos. El Caballero gris y el Arlequín la acompañarán hasta desvanecerse con ella. Tiene una mirada sesgada, eso sí, ya que por razones obvias no puede saber lo que sucede cuando la familia se va al campo, pero lo intuye con lo que escucha de las conversaciones de sus habitantes. Porque escucha todo, ve todo y sabe todo. No está sola, la acompañan los frescos, los tapices, los adornos ubicados por toda la casa, que también escuchan, ven, saben y cuchichean.
Manuel Mujica Lainez nos cuenta en La casa el glamour de la Buenos Aires de fines del siglo XIX y principios del XX. Ubicada en la emblemática calle Florida, esta mansión recibió a personajes de la aristocracia porteña que asistieron a las fiestas y banquetes que se realizaron en sus salones; vio esplendor y decadencia; fue testigo de amores, de traiciones, de muertes; se rodeó de piezas de arte costosas y de música clásica.
No es de lectura fácil porque está cargada de descripciones y metáforas, todo muy barroco como dije antes, pero fue una novela que amé leer.
Abelardo Castillo nombra también dos casas que le inspiraron: la de Pablo Neruda y la de Jack London. Para ver la de Neruda, te recomiendo el artículo que escribe en su blog Laura Lazzarino (en realidad, te recomiendo todo lo que escriba Laura porque es genial). La de Jack London la podés ver en este artículo; está en inglés, pero si no te llevás bien con el idioma podés activar el traductor.
Hasta acá el recorrido de casas y casonas en la literatura. Un recorte pequeñísimo, porque el tema es infinito. Lo que me gustó es que el propio Castillo fue el que armó el tour, así pudimos saber en qué se inspiró, que usó como disparador para su novela. En lo personal, me encantó esta concatenación de lecturas, hay historias que jamás hubiera conocido si no hubiera sido por La casa de ceniza.

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